Soy un animal de costumbre inseguro,
Soy un animal de costumbre encerrado dentro de si.
Tengo entre mis tejidos dos fieras enojadas
Tengo entre mi conciencia y mis ilimitados rasguños de inconciencia
Una infinita sucesión de plegarias al olvido.
Una pelea que me agota,
Me cansa, me consume.
Me debato entre lo que debiera ser, lo que quiero ser y lo que finalmente soy.
Siendo autodestructiva. Lo confieso.
Lo confieso sin pedir ayuda alguna, pues no necesito de nadie.
Más que de mi propio orden.
Y la ética me parece un código inaudito.
Y lo que se espera de mi es casi nada al lado de lo que me he propuesto.
Sin embargo, cada mañana me levanto y cumplo con algo que no me satisface.
Casi como un castigo auto impuesto.
Tan sólo esperando la noche, el momento justo cuando me encuentro conmigo para pedirme disculpas por la hipocresía.
Siento mis pies sobre una balsa a la deriva, en un mar agitado.
Y aunque nada me salpica, tiendo a dejarme llevar aunque no tenga gran duración entre mis instintos.
Tengo paradójicamente la forma exacta de describir tus tiempos.
Desde el tiempo del silencio, hasta la risa, a tu manera inconfundible de subsumirte en tus abstracciones. Inconsistentes. Como nosotros.
No es fácil tener un lienzo blanco y comenzar de cero
Pero tampoco estoy dispuesta a mezclar colores para disimular tus antojos de exitismo.
Y hundirme resulta el escape mas seductor.
Y quemarte me convierte en tu salvadora y mi carcelera.
El Edén había sido creado para servirnos.
Pero la impaciencia y la inseguridad
Y la tentación y la falta de esperanza
Le ganó a ser lo que seríamos. Resultando errantes que buscan llenar un vacío.
Me encuentro postergando la elección entre dos caminos pétreos. El de la felicidad perfecta con apariencia divina y una mancha oscura de dolor en mis adentros, de seguir esos pasos socialmente aceptados siendo solamente eso. Un barrilete en una caja, olvidado.
O el de la felicidad perfecta con apariencia reprochable y cuestionamientos fortuitos, con alegría inconformista en mis adentros, y la tristeza de no ser lo que los que me aman querían.
Quisiera poder correr sin mirar atrás.
Pero siempre fui cobarde.